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miércoles, 7 de noviembre de 2018

Honduras. El sufrimiento de un pueblo

Mucho se habla estos días de la marcha de hondureños y otros centroamericanos hacia EE.UU. pero poco se habla de la verdadera causa de la pobreza y violencia que tiene naciones como Honduras, El Salvador o Guatemala.
Los hondureños merecen ser libres y dueños de su destino.


El periódico HOY, (HOY, 06/11/2018) me publicó un artículo sobre Honduras. Es una reflexión sobre la situación del país que he visitado recientemente. Os dejo el texto.


"En septiembre pasado, hace menos de dos meses, estaba en la zona de embarque del aeropuerto de Tegucigalpa (capital de Honduras), esperando para coger un avión de vuelta a España. De pronto se anuncia la salida de un avión civil para Estados Unidos y se oye el siguiente mensaje: “Vuelo con destino a Houston, pasajeros prepárense para embarcar. En primer lugar, los militares de Estados Unidos. En segundo lugar, los niños menores de dos años y las personas con dificultades, …”.
Honduras HOY Marcha Lorenzo J. Blanco
Honduras. HOY (06/11/2018)
Lorenzo J. Blanco Nieto
Estaba claro el orden de preferencia de las autoridades del aeropuerto y la posición predominante de los militares estadounidenses respecto la población civil. Nunca había oído nada parecido y era el remate a lo vivido esos días. La influencia y presencia, civil y militar, de los estadounidenses en este país centroamericano es claramente manifiesta.
 Era la prueba definitiva de quiénes son los jefes de aquel hermoso país con casi 10 millones de habitantes. Esta situación me confirmaba los comentarios escuchados tanto a los profesores con los que había convivido como a personas ajenas al mundo de la enseñanza con las que había comentado el estado del país.
Llevaba una semana en Honduras, colaborando con la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, en sus sedes de Tegucigalpa (ciudad con unos dos millones de habitantes) y San Pedro Sula (más de un millón de habitantes) que es el segundo núcleo de población en Honduras, estigmatizada con la violencia y en alguno tiempo considerada una de las más violentas del mundo.
Ahora que los medios de comunicación publican noticas y muestran imágenes de la marcha de miles de hondureños desesperados camino de Estados Unidos, me viene a la memoria lo vivido esos días. Rememoro aquellas conversaciones que a modo de queja o de desahogo reiniciaban mis compañeros hondureños sobre las vicisitudes que tienen que soportar para subsistir en medio de una sociedad desestructurada y definida por la pobreza, la desigualdad y la violencia. Mis contertulios eran fundamentalmente profesores universitarios y de secundaria, con jornadas en dos o tres centros para poder alcanzar un sueldo digno. Me imaginaba cómo sería la situación de otros ciudadanos, aunque era claramente perceptible en cualquier lugar que visitábamos.
Recuerdo los niños de edad temprana, a cualquier hora del día o de la noche, en las calles de las ciudades y en las cunetas de las carreteras vendiendo cualquier objeto e implorando tu aportación. Mi señalaban que el 40 % de la población infantil no iba a la escuela porque las necesidades en sus casas eran tan perentorias que lo prioritario era la supervivencia.
Llamaba la atención la cantidad de obras iniciadas (calles, edificios, carreteras, etc.) y que parecían abandonadas o con un mínimo ritmo de trabajo. Las explicaciones eran claras en referencia al nivel de corrupción que provocaba que en dos o tres meses el dinero asignado a la obra hubiera desaparecido de la administración, pero con destino conocido.
Obviamente pregunté por las últimas elecciones generales celebradas a finales de 2017. Todos coincidieron, y se puede comprobar en una mínima búsqueda en la red, que fueron fraudulentas a favor del candidato impuesto por los Estados Unidos, aún a costa de saltarse la constitución que no permitía su reelección. Los observadores electorales de la Organización de Estados Americanos concluyeron que hubo tantas irregularidades y deficiencias que era imposible validar el resultado de las elecciones, aun teniendo en cuenta la revisión del Tribunal Supremo Electoral que estaba obviamente al servicio del poder político y militar.
Una variable fundamental para entender los problemas del país se descubre al conocer su relación con la droga, al ser una de las zonas de paso (marítimo y aéreo) hacia Estados Unidos más importantes. Por lo tanto, el dinero fluye y necesita de seguridad para los que lo acumulan. Ello, además, justifica el control estadounidense con la complicidad de personalidades locales que, según la mayoría de los medios de comunicación internacionales y los hondureños de a pie, están vinculadas con el narcotráfico.
El control político, militar y económico de los Estados Unidos sobre Honduras es absoluto, impidiendo el desarrollo del país puesto que así la situación actual sirve a sus intereses. Evidentemente luchará para mantener el estatus e impedir un cambio político y/o económico que pudiera hacer peligrar esa situación de dominio.
Podríamos añadir otras situaciones lamentables del país donde únicamente se salvan las personas encantadoras y sufridoras que lo habitan y la enorme naturaleza que tienen. Por eso, las referencias a la marcha confirman lo que me decían, al señalar que el sueño de los hondureños es emigrar a Estados Unidos y que son muchos los que ya viven allí.
Dada esta situación me he atrevido a contar algunas cosas que permitan mi desahogo por lo injusta que es la situación de país, por lo mal que lo están pasando y por el final, previsible, de los integrantes de la marcha si alguna vez alcanzan la frontera con Estados Unidos." (HOY, 06/11/2018)

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