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jueves, 14 de julio de 2022

El nacionalismo madrileño. Es lo que hay.

Publicado en HOY (16/07/2022). 

HOY 16/07/2022

Hace pocos meses estando sentado en una terraza de Madrid disfrutando de la libertad de tomar una caña, pero juntito a los de la mesa aledaña, pude oír, sin remedio, la conversación que mantenían dos autónomos madrileños sobre la situación política y económica. Eran lamentable los epítetos que profirieron contra los catalanes y vascos y, sin embargo, me llamó muchísimo la atención la “admiración” que manifestaban sobre sus dirigentes y la envidia de sus reivindicaciones como partidos nacionalistas, en pro de los nacidos en ambas comunidades y la marginación del resto.

Fueron numerosas las expresiones que señalaban el deseo de que los dirigentes madrileños tuvieran un comportamiento similar para defender a Madrid y a los madrileños con clara preferencia sobre el resto de provincianos, entre los que me encuentro. Incidían en la idea de que el gobierno y los demás españoles nos aprovechamos de Madrid y, por tanto, de los madrileños. Les faltó poco para coger como eslogan lo de ´Madrid para los madrileños` o ese otro de ´España nos roba`.

Desde que estudié la licenciatura en Madrid, hace algunos años, he vuelto con frecuencia porque, entre otras cuestiones, allí tengo lazos familiares. Siempre me había sentido como en casa y con la sensación de que la capital de España era una ciudad acogedora, donde ningún español podía sentirse forastero. Pasear por sus calles, disfrutar de sus museos y espectáculos, de sus actividades culturales y de ocio es una delicia, que durante tres o cuatro días te permiten tomar impulso para los avatares cotidianos.

Nunca me hubiera imaginado una conversación como esa en Madrid, como tampoco imaginaba que alguien pudiera reprocharnos al resto de españoles que nos aprovechamos de Madrid. Es un cambio lamentable que no acabo de asumir ni desde el punto de vista sentimental ni racional.

Desde el punto de vista personal es muy difícil estar en Madrid y no encontrarte con algún conocido o alguien de tu pueblo o tu ciudad. Somos muchos los que de una u otra manera hemos vivido allí en algún momento de nuestra vida. Incluso, ahora diría que somos numerosos los habitantes de otras regiones que tenemos allí a hermanos, nietos o sobrinos. Madrid es una suma de ciudadanos de todas las regiones de España y, por lo tanto, es una ciudad que forma parte de nuestras vidas.

Desde el punto de vista racional no hay que olvidar que en Madrid es la capital de España, lo que lleva aparejado que sea el lugar donde se concentran la mayoría de las representaciones de las grandes empresas, incluidas muchas dehesas, y donde pagan sus impuestos sobre los beneficios que han obtenidos de todos los ciudadanos, independientemente del lugar donde vivan. Cuando en Badajoz o Extremadura encendemos la luz, compramos un coche o echamos gasolina, adquirimos un mueble o ropa e, incluso, cuando tomamos una tapa de jamón es muy posible que alguna parte de esos impuestos que pagamos vaya para Madrid. Además, es donde se concentra la mayoría de las instituciones estatales que mantenemos todos y cuyos beneficios económicos repercuten, fundamentalmente, en la villa. Podría decirse que nosotros pagamos impuestos en Madrid, pero muy poquitos madrileños pagan impuestos en Extremadura y, menos, en Badajoz. Es obvio que desde el punto de vista económico y político no podemos sentirnos ajenos a lo que allí suceda y se decida.

Es como si la ola nacionalista o autonomista, en el mal sentido, se estuviera imponiendo y generando otro clima de convivencia, al menos, extraño para mí. Era evidente que mis vecinos de terraza sentían envidia de los independentistas vacos o catalanes, en la versión egoísta del nacionalismo. Creo que no hay versión buena.

Hace unos meses una serie de televisión sobre el nacimiento de ETA nos recordaba como ´el inglés`, uno de sus primeros ideólogos, reprochaba a los militantes obreros, que participaban en el movimiento de protesta contra la dictadura, que el nacionalismo no era cuestión de ideología y que habría que imponerlo como un elemento sentimental e irracional si deseaban su triunfo. Pues bien, sin la componente de violencia física y criminal propia de ETA, parece ser que los líderes madrileños actuales han asumido esta idea y nos hablan cada vez más del nacionalismo madrileño sin ningún pudor, e incitan a ello. De esta manera, a principio de mayo oí al alcalde de Madrid insistir por tres veces seguidas en la expresión “nacionalismo madrileño del bueno” para defender sus postulados. Es evidente que, a juzgar por los resultados electorales y el contenido de las conversaciones en las barras de los bares, esta idea está cuajando en la población madrileña. Pero tengo dudas que por un buen resultado electoral merezca la pena romper esa idea que muchos siempre hemos tenido de que en Madrid nos sentíamos como en nuestra casa.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Honduras. El sufrimiento de un pueblo

Mucho se habla estos días de la marcha de hondureños y otros centroamericanos hacia EE.UU. pero poco se habla de la verdadera causa de la pobreza y violencia que tiene naciones como Honduras, El Salvador o Guatemala.
Los hondureños merecen ser libres y dueños de su destino.


El periódico HOY, (HOY, 06/11/2018) me publicó un artículo sobre Honduras. Es una reflexión sobre la situación del país que he visitado recientemente. Os dejo el texto.


"En septiembre pasado, hace menos de dos meses, estaba en la zona de embarque del aeropuerto de Tegucigalpa (capital de Honduras), esperando para coger un avión de vuelta a España. De pronto se anuncia la salida de un avión civil para Estados Unidos y se oye el siguiente mensaje: “Vuelo con destino a Houston, pasajeros prepárense para embarcar. En primer lugar, los militares de Estados Unidos. En segundo lugar, los niños menores de dos años y las personas con dificultades, …”.
Honduras HOY Marcha Lorenzo J. Blanco
Honduras. HOY (06/11/2018)
Lorenzo J. Blanco Nieto
Estaba claro el orden de preferencia de las autoridades del aeropuerto y la posición predominante de los militares estadounidenses respecto la población civil. Nunca había oído nada parecido y era el remate a lo vivido esos días. La influencia y presencia, civil y militar, de los estadounidenses en este país centroamericano es claramente manifiesta.
 Era la prueba definitiva de quiénes son los jefes de aquel hermoso país con casi 10 millones de habitantes. Esta situación me confirmaba los comentarios escuchados tanto a los profesores con los que había convivido como a personas ajenas al mundo de la enseñanza con las que había comentado el estado del país.
Llevaba una semana en Honduras, colaborando con la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, en sus sedes de Tegucigalpa (ciudad con unos dos millones de habitantes) y San Pedro Sula (más de un millón de habitantes) que es el segundo núcleo de población en Honduras, estigmatizada con la violencia y en alguno tiempo considerada una de las más violentas del mundo.
Ahora que los medios de comunicación publican noticas y muestran imágenes de la marcha de miles de hondureños desesperados camino de Estados Unidos, me viene a la memoria lo vivido esos días. Rememoro aquellas conversaciones que a modo de queja o de desahogo reiniciaban mis compañeros hondureños sobre las vicisitudes que tienen que soportar para subsistir en medio de una sociedad desestructurada y definida por la pobreza, la desigualdad y la violencia. Mis contertulios eran fundamentalmente profesores universitarios y de secundaria, con jornadas en dos o tres centros para poder alcanzar un sueldo digno. Me imaginaba cómo sería la situación de otros ciudadanos, aunque era claramente perceptible en cualquier lugar que visitábamos.
Recuerdo los niños de edad temprana, a cualquier hora del día o de la noche, en las calles de las ciudades y en las cunetas de las carreteras vendiendo cualquier objeto e implorando tu aportación. Mi señalaban que el 40 % de la población infantil no iba a la escuela porque las necesidades en sus casas eran tan perentorias que lo prioritario era la supervivencia.
Llamaba la atención la cantidad de obras iniciadas (calles, edificios, carreteras, etc.) y que parecían abandonadas o con un mínimo ritmo de trabajo. Las explicaciones eran claras en referencia al nivel de corrupción que provocaba que en dos o tres meses el dinero asignado a la obra hubiera desaparecido de la administración, pero con destino conocido.
Obviamente pregunté por las últimas elecciones generales celebradas a finales de 2017. Todos coincidieron, y se puede comprobar en una mínima búsqueda en la red, que fueron fraudulentas a favor del candidato impuesto por los Estados Unidos, aún a costa de saltarse la constitución que no permitía su reelección. Los observadores electorales de la Organización de Estados Americanos concluyeron que hubo tantas irregularidades y deficiencias que era imposible validar el resultado de las elecciones, aun teniendo en cuenta la revisión del Tribunal Supremo Electoral que estaba obviamente al servicio del poder político y militar.
Una variable fundamental para entender los problemas del país se descubre al conocer su relación con la droga, al ser una de las zonas de paso (marítimo y aéreo) hacia Estados Unidos más importantes. Por lo tanto, el dinero fluye y necesita de seguridad para los que lo acumulan. Ello, además, justifica el control estadounidense con la complicidad de personalidades locales que, según la mayoría de los medios de comunicación internacionales y los hondureños de a pie, están vinculadas con el narcotráfico.
El control político, militar y económico de los Estados Unidos sobre Honduras es absoluto, impidiendo el desarrollo del país puesto que así la situación actual sirve a sus intereses. Evidentemente luchará para mantener el estatus e impedir un cambio político y/o económico que pudiera hacer peligrar esa situación de dominio.
Podríamos añadir otras situaciones lamentables del país donde únicamente se salvan las personas encantadoras y sufridoras que lo habitan y la enorme naturaleza que tienen. Por eso, las referencias a la marcha confirman lo que me decían, al señalar que el sueño de los hondureños es emigrar a Estados Unidos y que son muchos los que ya viven allí.
Dada esta situación me he atrevido a contar algunas cosas que permitan mi desahogo por lo injusta que es la situación de país, por lo mal que lo están pasando y por el final, previsible, de los integrantes de la marcha si alguna vez alcanzan la frontera con Estados Unidos." (HOY, 06/11/2018)