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domingo, 12 de febrero de 2017

Romanesco en mi huerto urbano y en el plato.

¿Una col, una colifror, un brécol ... ?
Curiosa planta y rica de sabor.
Hasta sabe de Matemáticas.

Hace unos meses fui a comprar unas plantas para mi huerto urbano y me ofrecieron diferentes clases de coles. Acepté una variedad de ellas. Hoy tengo mi primera cosecha de Romanesco (Brassica oleracea) que es, según algunos textos un híbrido de brécol y coliflor que me ha salido un poco amarillo. Otros, sin embargo, indican que pertenece a la familia de la col, junto al brécol y la coliflor. Y se conoce desde el siglo XV o XVI.




Dicen que es rico en vitamina c, en minerales como potasio y fósforo y en fibra. En una página www.cuerpomente.com dice que es un tesoro para la salud: anticolesterol, diurética, anticancerígena, cardiosaludable y protectora del cerebro. Por mi parte diré, solamente, que estaba muy buena.
La verdad que su forma es curiosa, tiene forma cónica y, verdaderamente, recuerda a los fractales. En algún lugar leí que su crecimiento tiene relación con la serie de Fibonacci, lo que podría ser si hablamos de fractales.
Lo que aparece en la fotografía y que es lo que nos hemos comido es el “pedúnculo” de la flor. Dicen que puede crecer mucho, así que la próxima vez lo estudiaré para ver mejor los fractales, los números de Fibonacci y permitiré que una planta crezca hasta que me aburra.
Hay muchas páginas que hablan del Romanesco y que dan recetas para su preparación. Os dejo una


martes, 13 de octubre de 2015

Cochinillo en la barbacoa, una manía culinaria

El 12 de octubre es el cumpleaños de mi señora esposa y este año le propuse celebrarlo, entre otras cosas, con la preparación de un cochinillo en la barbacoa. No es la primera vez que lo hago y a juzgar por el resultado quiero pensar que me lo pedirán más de una vez (Es verdad, no tengo abuela).


Compré un cochinillo de 3,06 kg., ya completamente abierto, tamaño y peso adecuado para los comensales y, además, cabía bien en la parrilla de la barbacoa.


Me dispongo a contar el proceso del asado y mostrar el resultado.
Previamente, la preparación un “machaíto” con una cabeza de ajo entera, perejil fresco de mi huerto urbano, sal y aceite en el mortero. Con el resultado se le da un buen masaje al cochinillo, al que le despegué los jamones para poder masajear bien toda la superficie de la carne que debe asarse.
Conviene recordar que una vez abierto los jamones son, obviamente, más gordos que la parte central por lo que tardarán bastante más tiempo que el resto en hacerse. Por ello es bueno hacerle, también, algunos cortes que acariciar con el ‘machaíto’. En esta ocasión y dada la experiencia anterior decidí separar los dos jamones traseros para facilitar su manejo en la barbacoa. Y a juzgar por el resultado en la próxima ocasión separaré previamente, también, los delanteros.
Hecho estos preparativos encendí la barbacoa con abundante carbón, a las 13 h. Esperé a que el carbón se rindiera para evitar que la grasa provoque el fuego en la barbacoa.

A las 14 h. puse el cochinillo completamente abierto y, como dije, con los jamones traseros separados, y la parte interior al fuego. Más brasas en los laterales dado que la carne tiene más grosor que en el centro.

Dado que el carbón estaba fuerte, en 15 minutos estaba casi hecha y un buen color. El poco tiempo se debía a que el fuego era muy intenso debido al mucho carbón. 


Este es un aspecto que habrá que regular en más la próxima ocasión.
En este momento separé los jamones delanteros del cuerpo del cochinillo.



Le di la vuelta y en otros 10 minutos el costillar estaba de aspecto espectacular y de sabor ni os cuento. A las 14 h, 30 m. lo saqué junto a la cabeza, con el aspecto de la fotografía.
Dejé los jamones en el fuego pero seleccionando las brasas de la barbacoa para que se mantuviera el calor dado que estaban casi hechos. El tiempo para comer la primera parte y que al servirlo estuviera en su punto.

Toda la comida estuvo acompañada de un vino tinto Chateau La fleur Mngiron de Bordeaux de la cosecha de 2002, especialmente traído desde Bordeaux para la ocasión. Y de unas patatas al horno, también, espectaculares.

El resultado fue que cinco comensales adultos y otros dos pequeñuelos dieron cuenta del cochinillo en 20 minutos sin pausa. Y del vino. Sinceramente, creo que gané el jornal.
Hasta el gato dio buena cuenta del trozo de cochinillo que le tocó.