Os lo transcribo para facilitar su lectura.
"No me lo puede creer.
Estaba convencido que las personas odian las guerras porque generan muerte y destrucción. Me lo creía de verdad, aunque en estos tiempos convulsos parece que son numerosos aquellos ciudadanos que no comparten conmigo esta premisa. Al menos, según sus manifestaciones y acciones públicas.
Nos encontramos en un momento impensable hace unos años provocado por la
acción de algunos gobernantes a los que les importa nada la vida de las
personas. Así, la invasión de Ucrania que ha provocado cientos de miles de
civiles muertos y más de dos millones de bajas militares desde febrero de 2022.
Obviamente, las bajas militares son mayoritariamente soldados cuya procedencia
social es la misma en todas las guerras. Aunque el conflicto en Ucrania haya pasado
a un segundo plano, siguen las muertes y el desastre.
Suponía que estábamos en contra de la invasión de Ucrania por el hecho en
sí mismo y por sus efectos. Me equivoqué. Es evidente, que la posición ante la
guerra, para algunos, depende de quiénes sean las víctimas y quiénes los
verdugos, aunque los hechos y sus justificaciones sean similares. En cualquier
guerra los perdedores son siempre los mismos. Al igual que los que se
benefician de ellas.
Son muchos y diferentes los conflictos bélicos que vive actualmente el
planeta. Y la actitud ante ellos es diferente en cada caso. No es fácil
analizarlos todos en su conjunto, pero si quiero dejar algunas reflexiones.
Entiendo que el Estado de Israel quisiera dar una respuesta por 1.200 asesinatos
que Hamas provocó. Pero, asesinar a más de cien mil gazatíes y libaneses, provocar
más de 200.000 heridos y varios millones de desplazados y destruir
completamente sus ciudades no es proporcional al daño sufrido.
Diferentes medios señalan que Netanyahu, viendo el total apoyo de Trump y
la pasividad internacional, instigó para iniciar una nueva guerra contra Irán y
de paso poder seguir con la matanza de palestinos y libaneses. Todo ello, sin
una justificación clara y sin haber medido las consecuencias, lo que ha
originado una situación de la que no es fácil la salida. Trump, muy bien
definido por A. Muñoz Sanz (HOY, 20/04/2026), inició la guerra pensando en su
¿éxito? en Venezuela sin tener en cuenta el nuevo contexto en el que se embarcaba.
En ambos casos, Ucrania y Oriente Medio, los iniciadores del conflicto se
han saltado las normas internacionales y sus decisiones están motivadas por su
actitud dictatorial, sus deseos de poder y creyéndose dueños de las vidas de
los demás. Son los principales causantes de tantos asesinatos y de tanta
destrucción. Resulta, además, sorprendente el enorme beneficio económico que
Trump y su familia están sacando de las decisiones que están tomando al
respecto de la guerra y, de paso, su ayuda a su amigo Putin.
Por todo ello, no puedo entender que cuando el Gobierno de España denuncia
la ilegalidad e irracionalidad del genocidio en Gaza, de la invasión de Líbano
y la guerra en Irán algunos partidos políticos y ciudadanos españoles justifiquen
estas acciones de muerte sólo por ir en contra de Pedro Sánchez. ¿Dónde vamos a
poner los límites morales?
Es notorio el reconocimiento internacional a nuestro presidente de
gobierno por su posición ante estos conflictos. La mayoría de los gobiernos
europeos, incluido el de la propia Meloni inicialmente entusiasta del narcisista
Trump, y el Papa León XIV se han manifestado en contra de las acciones
belicistas de Netanyahu y Trump. Tampoco estas denuncias reiteradas, les lleva
a recapacitar y a aceptar que la situación actual es disparatada y solo puede
provocar un desastre mayor. Las últimas decisiones de Trump contra Europa y su
amenaza a España debiera hacer reflexionar a algunos sobre qué significa
defender a nuestro país y defender a sus ciudadanos o qué significa defender la
paz internacional.
A estas alturas es difícil entender el apoyo y seguimiento al que se decía
merecedor del Premio Nobel de la Paz y que ya en su primera legislatura
desarrolló intervenciones militares en Siria, Irak, Yemen, Afganistán, Somalia,
Libia e Irán y que en este último año y medio ya ha intervenido en Nigeria,
Venezuela, Irán, República del Congo, Siria, Somalia, Irak y Yemen. ¿Qué
podemos esperar?
No he hablado de otras guerras tan nefastas como estas en Burundi, Mali, Burkina
Faso, Nigeria, República Centroafricana, Somalia
y Sudán del Sur, donde el hambre y la miseria de estos africanos hace
enriquecer a muchos de los que están causando las guerras a las que me refería
inicialmente.
Mientras tanto seguiré gritando NO A LA GUERRA. (HOY, 08/05/202
