Palestina vive un doble aislamiento: por el temor a la covid-19 y el bloqueo israelí en Gaza junto a las amenazas de anexión de Cisjordania por parte de Netanyahu.

Texto íntegro.
"Tras su reciente toma de posesión el primer ministro de Israel se reafirmó en adoptar una de las decisiones más injustas y, por lo tanto, peligrosas en Medio Oriente: la anexión unilateral de Cisjordania, territorio que Naciones Unidas reconoce como Palestina. Dicha decisión podría llevar a una nueva sublevación de los palestinos de la zona, hecho que podría ponerle en jaque al mismo tiempo que lo están juzgando por soborno, fraude y abuso de poder. Pero Netanyahu se siente apoyado de forma incondicional por el presidente Donald Trump y su yerno, el judío Jared Kushner. El primer paso del presidente palestino Abbas fue desvincularse de los acuerdos de Oslo, pero parece que eso no le afecta al primer ministro de Israel.
Cisjordania es un territorio de 5.860 kilómetros cuadrados ocupado un 60% por los israelíes y dejando el 40% a los palestinos, que tienen su capital en Ramala. Eso significa que lo que debería ser territorio palestino está ocupado por colonias en las cuales viven 450.000 personas, de ideología muy extremista que entorpecen la vida del pueblo palestino, agrediéndoles, ocupando sus tierras, montando controles que les impiden el paso, quemando casas, no dejándoles acceder a sus tierras de las que viven.
Las colonias israelíes en los territorios
palestinos son consideradas ilegales por la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), la Unión Europea (UE) y la gran mayoría de la comunidad internacional.
Los israelíes tienen en Cisjordania
autopistas propias por las que sólo pueden conducir ellos, colocan
checks-points (controles militares) allí donde quieren y entorpecen la
convivencia atacando constantemente a los palestinos. Desde hace tiempo su
anhelo de invadir toda Cisjordania se está llevando a cabo y al parecer
Netanyahu quiere acelerar este proceso.
«Para las organizaciones que trabajan por
el Derecho a la Salud en Palestina, la fragilidad del sistema sanitario
palestino es evidente, incluso antes de la pandemia de la covid-19 que ha
puesto en evidencia las deficiencias de un sistema sanitario al borde del
colapso» afirma Médicos del Mundo. Se han impuesto restricciones en todo el
territorio de Cisjordania, limitando los movimientos, cancelando actividades no
esenciales y confinando a las personas en sus domicilios.
Con una población que presentaba ya altos
niveles de pobreza, dependiente de trabajos diarios y ocasionales, estas
medidas tendrán consecuencias extremamente negativas para los medios de vida y
el bienestar de la población palestina. De hecho, incluso antes de la pandemia
de covid-19, el Banco Mundial había previsto un crecimiento negativo de la
economía palestina para 2020 y 2021.
«En los primeros cuatro meses de 2020 ha
continuado la demolición de propiedades en Cisjordania. La mayoría de estos
inmuebles eran residencias privadas, infraestructuras de agua e instalaciones
de saneamiento (tanques de agua y cisternas, grifos y letrinas), fundamentales
para la higiene y para la prevención de enfermedades contagiosas. Además, a
pesar del cierre de actividades y las restricciones de movimientos en Israel
debido a la covid-19, los actos de violencia hacia personas palestinas por
parte de colonos israelíes, con la destrucción de árboles y los destrozos de
coches han seguido ocurriendo», denuncia Médicos del Mundo.
En este momento, en la franja de Gaza hay
solo 65 ventiladores y 75 camas de UCI para una población de casi dos millones
de personas. Además, hay una enorme carencia de tests de laboratorio y equipos
de protección individual (EPI) para frenar el aumento de casos positivos.
Si la falta de camas y de medios en
general ya era constante en Gaza, ahora la situación se ha agravado. No
olvidemos que los gazatíes sufren un bloqueo total por parte de las autoridades
de Israel. Sólo entran los alimentos, medicinas o personas que ellos deciden.
Naciones Unidas viene diciendo que en el 2020 la vida sería imposible en Gaza.
Y en ello están.
El paro en Gaza supera el 55% mientras que en Israel es del 10%. El combustible, el agua potable y la electricidad escasean. Los cortes de luz son algo habitual. El agua del mar está contaminada por los vertidos ya que durante las ofensivas militares de los últimos años, las depuradoras fueron bombardeadas. El 80% de la población depende de alguna manera de la ayuda internacional, según la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA).
Por lo tanto, confinarse en casa por la covid es ya desastroso para una sociedad que sobrevive al límite. Y con la convicción de que si son infectados difícilmente podrán salir adelante. Mientras el mundo se mira a sí mismo, a su virus y a sus consecuencias económicas de la pandemia, los gazatíes siguen solos, al igual que los habitantes de Cisjordania."
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